7.50 Apreciación global

7.50 Apreciación literaria

CUANDO LAS VACAS PUEDAN VOLAR

En un lugar desconocido, desconcertante, resultó la hermosa, millonaria, prepotente y codiciosa Dorcas Benderaf. En aquel sitio, un hombre de albo y largo cabello, que se hace llamar Bibliotecario, después de recriminarle por parte de su inapropiado actuar en la Tierra, la deja en manos del ángel vigilante de la elegante dama.
Dorcas empieza a vivir una cantidad de situaciones extrañas, en caminadas por Casdrur, su ángel vigilante. La primera de ellas es en el túnel de los espejos, donde ésta se atemoriza al mirar la fealdad de su intangible interior. Allí, también ve a un extraño ser que mantiene todo su cuerpo oculto bajo ropaje y al que todos aprecian, respetan, admiran; incluso el mismo Casdrur lo mira y lo trata con valía. También en el túnel, mira por segunda vez la extraña silla de parque, sin par allí. Posteriormente, el ángel le muestra el árbol del mal, donde Dorcas es atrapada por un demonio y rescatada por alguien, que ella cree que es Casdrur; despierta en la misma silla que vio por vez primera donde habita el Bibliotecario. El ángel le muestra otro escenario, en donde ve el espectro de su multimillonario esposo, Nicolás Benderaf, cargando eternamente una pesada roca, que es el corazón de él, que en vida endureció, como una piedra, ante las múltiples necesidades de las personas. Luego, Casdrur le increpa a Dorcas porque, al darse cuenta que Nicolás Benderaf le era infiel, ésta se siente engañada, el ángel le recuerda que eso mismo hizo ella para conquistarlo. Para que Dorcas caiga en cuenta quien es el hombre que más la quería sobre todas las cosas, Casdrur la lleva a vivir una escena pasada, cuando le dijo a Druron, el hombre que más la amó, que ella se había comprometido con un caballero que conoció por las redes sociales. Entre otras cosas que le muestra el ángel, está el sufrimiento del espectro de su hija con su novio -éstos habían fallecido drogadictos-, que caminan entre plantas espinosas y cargan pesadas cadenas, que ni los dejan descansar en la silla que se le aparece o ve Dorcas en casi todas las partes donde la lleva su ángel. Casdrur le muestra el lúgubre momento que vivió Druron, cuando su madre falleció, y Dorcas, a pesar de ser avisada, no se presentó al funeral. En el único escenario que aparece sola Dorcas, es en el valle de los egos, en el que su espectro es atacado por su gigante egocentrismo; pero es ayudada por un ser que ella no puede apreciar y que hace reducir al ego a la nada cuando se para de la silla de parque, porque su humildad supera en grandeza el ego de Dorcas.
Otras partes que aparece Dorcas con Casdrur, es en el paraíso, donde Dorcas vuelve a ver al caritativo espectro del hombre que cubre su desfigurado rostro y que es amigo de Max, un perro que ella conoció en vida; de igual manera, allí, Dorcas ve unas vacas volar, por lo que su ángel le anuncia que tiene que regresar donde Cefas, que es el mismo Bibliotecario. Al pasar por el mismo túnel, de regreso donde el Bibliotecario, y al ver la silla de parque, Casdrur le muestra aquel momento vivido con Druron, en el que se prometieron verse en ese lugar; y Druron dijo que si Dios se lo permitía, esa silla estaría con él en el más allá. Ya en el lugar que habita Cefas, Dorcas se entera que el que la salvó del alevoso ataque del demonio fuel hombre del velo y que también fue él quien le quitó el ego de encima; también es informada que ese mismo valiente ser es Druron.
Dorcas, al salir de un coma de 10 años, regresa a la vida terrenal. Su comportamiento es diferente, desprovista de toda ambición material y no le importa su rostro marcado por grandes cicatrices, dejadas por el accidente. Se vuelve una dama caritativa y junto con su nieta hacen numerosas obras sociales. Por último, envejecida, Dorcas muere en la misma silla de parque en la que falleció Druron, su eterno amor, cuyo espíritu la estaba esperando ahí, para regresar juntos al paraíso.

ARDILA CORREA
ARDILA CORREA

45 años - (500002)
Blog del autor

« Nací en Villavicencio, departamento del Meta (Colombia), el 11 de enero de 1972. A la edad de tres años, fui uno de los pocos sobrevivientes de una epidemia de difteria. Estudié, mientras me criaba en un matriarcado, mi primaria y secundaria en escuela y colegio público, este último, en educación nocturna. Me quedé con tres semestres de comunicación social. He tenido cualquier cantidad de trabajos, propios de un hombre de poca monta: ayudante de construcción, chancero, empacador de supermercado, voceador de almacén de ropa, mensajero, garitero de billar… dentro de mis gustos está la lectura y por convicción me atreví a iniciarme en la escritura. Hoy, además de escribir, me dedico al trabajo relacionado con la educación, en mi departamento natal »

Han leído este libro

Najera Rivera
7.50 Najera Rivera - (92345) / 21-Oct-2017

Es una bonita narración, reitero, como un tierno cuento que te deja varias moralejas.
Leer la evaluación completa

Opinión general del Comité de Lectura (Lectura incompleta)

Este libro aún no ha recibido comentarios...